Por trece razones: no os escandalicéis tanto (Sin spoiler)

                                             

Basada en la novela escrita por Jay Asher, Trece razones (Thirteen reasons why) ya es la serie del momento y aquí, una serióloga muy fan de Netflix, ya se la ha visto entera en tan solo tres días.No voy a entrar en el debate de si la serie en sí es buena o no, a mí particularmente me ha gustado mucho por muchas razones que nada tienen que ver únicamente con el morbo, como la revista Fotogramas se atreve a afirmar. Sí que me gustaría aportar mi opinión al debate generado de si es apropiado que los alumnos en los colegios visualicen la serie o no. Según el centro St. Vincent en Ontario, Canadá, la serie “contiene material gráfico relacionado con el suicidio, realzando el compartimiento suicida y el retrato negativo de la ayuda profesional, lo que puede impedir que los jóvenes busquen ayuda” vamos, que acusan a la serie de apología del suicidio, pero vayamos por partes.

Es una serie AMERICANA, señores

¿Qué quiero decir con esto? Que el tipo de instituto que aparece en la serie, es el que estamos acostumbrados a ver en todas las series y que, por muy peliculero que parezca, es el que refleja la realidad en Estados Unidos. Es decir, los alumnos se dividen por grupos según sean los “populares”, normalmente los jugadores de baloncesto y las cheerleaders, los “nerds”, y por supuesto y esta es la protagonista de la serie, “la nueva” que en este caso pasa a ser la víctima pero que en otras películas como por ejemplo High School Musical, se convierte en la chica de uno de los chicos populares (jugador de baloncesto también, qué casualidad).

Por lo tanto, esta serie no se puede comparar con la realidad de los colegios o institutos en España, donde en mi opinión, el bullying se vive de forma diferente, con la misma consecuencia, que es lo preocupante.

El suicidio, que es la consecuencia de ese bullying que sufre Hannah Baker, la protagonista de la serie, es la segunda causa de muerte no natural en adolescentes en muchísimos países pero entendamos que el suicidio en jóvenes puede tener varias razones y creo que depende mucho de la educación y la cultura del país. Por ejemplo, en Japón es tristemente habitual que algunos jóvenes en el instituto se suiciden justo antes de entrar en la Universidad, superados por la presión social de tener que aprobar las pruebas de acceso. En Por trece razones, vemos un problema latente en los institutos estadounidenses que es el acoso sexual y la violación, un problema por ejemplo que no está tan presente en los institutos españoles. Por tanto, visualizar esta serie, nos da una idea de lo que pasa en los institutos estadounidenses.

No es necesario verla, sí aconsejable

No os voy a engañar, la serie contiene un sinfín de escenas muy explícitas incluyendo la escena de suicidio que, y aquí sí que podían haberlo pensado mejor, es una de las formas de suicidio más impactantes. Yo, personalmente, no pude mirar la escena al completo, es muy muy explícita.

¿Por qué creo que es aconsejable? Desde luego en alumnos mayores de quince años más o menos y siempre en compañía de alguien con quien poder comentar la serie, ya que esta se presta a comentarla constantemente, creo que es un buen ejercicio de reflexión acerca de cómo herir los sentimientos de otra persona tiene consecuencias y cambia para siempre la vida tanto del que hiere como la de quien es herido.

No obstante, creo que es necesario ver primero la serie para poder valorar si sería apropiada para adolescentes o no, entendiendo que también depende mucho del adolescente. Quizás no la proyectaría en una clase en absoluto pero sí que la visualizaría con mis hijos o sobrinos comentándola, ya que una las enseñanzas que se puede sacar es: si tienes problemas, pide ayuda, cosa que Hannah Baker no hace en ningún momento en la serie optando por quitarse la vida en lugar de recurrir a sus padres, los que por otra parte, son los típicos padres guay con los que se puede hablar pero no se enteran de que su hija está pasándolo mal. Típico.
                                                        

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Frustración para desayunar, comer y cenar. Reflexión de una Millennial.

MENÚ DEL DÍA

Me despierto tarde porque no quiero afrontar una semana que, aunque finaliza en viaje de vacaciones, se me presenta con varias frustraciones a las que hacer frente durante los próximos tres días. Y como yo, varios miles de personas más. “Millennials” nos llaman ahora, nos han puesto nombre y todo, somos según Leslie Kwoh (Partner marketing en Microsoft), una “generación malcriada que quiere cambiar el mundo”. Y yo tengo que ignorar esta afirmación y otras tantas que a esta mujer le ha venido bien contarnos en uno de sus artículos en los que además de malcriados, nos llaman vagos y egocéntricos. Nada más y nada menos. Ojo.

Me despierto tarde porque estoy de baja laboral por ansiedad. Así, tal cual. Porque el inconformismo de mis veinte años hace ya siete, al decir “no me gusta esta carrera, quiero probar otra”, se me pagó diciéndome “tú, si no quieres estudiar, a trabajar” sin una segunda oportunidad por haber elegido mal la carrera a la que me quería dedicar. Que me llamen Millennial por haber nacido en el 89 y por ser inconformista, pero lo de hacer algo por agradar a la gente de mi alrededor, no entraba en mis planes ni con veinte ni con veintisiete años, ni creo que entre jamás. Aun así, me puse a trabajar en un lugar en el que tenía que dejar de ser yo para rendir, un trabajo en el que mi opinión valía menos que un as y en el que no hay posibilidad de mejora por muchos estudios que tengas. Y así cinco años, hasta que mi fuerza se ha venido abajo y he tenido que tomar una decisión.

Me despierto tarde porque el ponerme a trabajar no paró mis ansias de aprender y de encontrar realmente mi vocación, por lo que he estado trabajando y estudiando la carrera de Magisterio durante tres años. Hoy tengo que ir al colegio en el horario en el que cuando trabajo es mi hora de comer y no como. Iré al colegio y tendré para comer otra ración de frustración porque, aunque mi tutor de este año es de esas personas de las que quieres aprender y coger como ejemplo, lo normal no es encontrarte maestros de este tipo sino personas cansadas que siguen los mismos métodos que utilizaron conmigo hace ya veinte años. La frustración viene porque en la carrera nos insisten en la utilización de las TICS en educación, de la “Innovación tecnológica”, nos instan a realizar secuencias didácticas increíbles, a las que casi les faltan efectos especiales para que sean una película. Pero la triste verdad es que luego llegas a los colegios y no tienen pizarra digital, ni iPads, ni ordenadores en las clases, ni nada de nada, por lo que, o tienes suerte como yo este año y te encuentras con un maestro que hace de las clases un parque de atracciones didáctico, o te comes tu frustración otro día más porque te das cuenta de que estás a punto de finalizar la carrera y no tienes ni idea.

Me despierto tarde y me acostaré tarde, porque no puedo dormir.

 

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The Last Guardian: análisis para padres y educadores

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Quizás estemos delante de un juego que narra la mayor historia de amistad jamás contada. Para la que escribe, el mejor juego del año y uno de los juegos que, sin duda, marcarán mi vida. Pero vayamos por partes:

El juego a grandes rasgos

Es un juego especial, con magia, esto es algo que se puede percibir jugando únicamente los diez primeros minutos o visualizando el tráiler del juego. Durante este tiempo, descubriremos la incipiente historia de amistad entre un niño y una bestia que despiertan siendo prisioneros en una especie de cueva. Como es de esperar, la bestia desconfía del niño hasta que este decide ayudarle liberándole de unas cadenas que lo mantienen prisionero y de unas lanzas clavadas en su cuerpo.

Aquí ya podemos empezar a visualizar dos valores que el jugador va a experimentar casi con seguridad durante todo el juego: empatía y generosidad. Empatía porque el niño, y por consiguiente también el jugador, siente que la bestia está sufriendo a causa de las heridas producidas por la lanza y decide ayudarle aun sabiendo que corre el riesgo de que la bestia le ataque. Cuando digo que “decide ayudarle” me refiero al jugador, a nosotros, a la primera persona. Hay que tener en cuenta que un escenario como el que se nos presenta, que no es del todo cerrado y que nos da la oportunidad de explorar, nuestro primer instinto, y además el que el juego espera de nosotros, es AYUDAR. Ayudar a la bestia que sufre sin recibir nada a cambio. Aquí entra la generosidad.

The Last Guardian es un juego de plataformas con resolución de puzles y acción que se puede completar en unos 960 minutos de juego sin mucha prisa y disfrutando de los paisajes y de Trico, nuestro amigo en esta aventura.

Trico, una bestia adorable 

Se debate qué tipo de animal es Trico: gato-perro-ave, y efectivamente, viene a ser una mezcla de los tres: con el plumaje y las patas de un ave, las habilidades y facciones de un gato, y la lealtad y forma de comunicarse de un perro. Lo que sin duda es: nuestro mejor amigo y un compañero de viaje que nos defenderá de los peligros que nos acechen ayudándonos a completar los puzles.

Trico es una pieza clave en el juego pues deberemos aprender cómo funciona su comportamiento para entender las situaciones que se nos presentan y qué debemos hacer en cada momento. Podemos darle órdenes básicas para que vaya a donde nos encontramos por ejemplo y nosotros a cambio, deberemos alimentarle buscando comida a lo largo del juego. A partir de esta simbiosis, se va creando un vínculo emocionante que sin duda nos hará suspirar varios: “ooohh”

Trico no puede avanzar sin el niño y el niño tampoco puede avanzar sin Trico, por lo que la relación entre ambos se vuelve casi imprescindible para poder salir del lugar en el que se han despertado, que es el objetivo principal del juego.

Nuestro cometido

Deberemos encontrar una salida que nos permita escapar del extraño lugar en el que hemos despertado prisioneros. El juego está diseñado para ponernos en un aprieto detrás de otro de los que, gracias a la ayuda de Trico, podremos escapar.

The Last Guardian está pensado para que los obstáculos sean superados gracias a la colaboración entre el niño Trico.

Y sin profundizar mucho más en el juego, me gustaría comentaros cómo saber si este, o algún otro juego, es apto para nuestros hijos y/o alumnos.

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¿Cómo sé si este juego es apropiado para mi hijo o para mis alumnos?

Entendiendo que quizás los padres o educadores no disponéis de tiempo, ganas o interés en probar cada uno de los juegos a los que juegan o quieren jugar vuestros hijos o alumnos, sí que me parece importante interesarse sobre los juegos en los que están interesados los niños y adolescentes.

PRIMERA REGLA: NO OS CREAIS TODO LO QUE ENCONTRÉIS EN INTERNET

Una forma rápida de saber si el juego es apropiado a la edad del jugador es comprobando el PEGI (sistema de clasificación por edad para garantizar el contenido de los productos de entretenimiento) que podemos consultar en la carátula del juego o en su página web oficial. Pero seamos sinceros (la generación que creció con videojuegos me entenderá) el PEGI suele tener unas edades, en mi opinión, nada realistas. Todos, en algún momento de nuestras vidas, habremos jugado a algún juego con una edad que el PEGI no aconsejaba.

Otra forma es encontrar información en Internet y aquí, desaconsejo totalmente quedarnos con lo primero que leamos, independientemente de la fuente y lo creíble que nos pueda parecer.

Según la Junta Europea de Riesgo Sistémico que evaluó The Last Guardian, este juego cuenta con numerosas escenas violentas a pesar de lo pacífico que puedan parecer los tráilers. Según su publicación:

“Se trata de un juego de acción y aventura donde nos pondremos en la piel de un niño, con el objetivo de explorar unas ruinas aunque no lo hará solo, su compañero alado Trico también estará con él”

“El protagonista puede ordenar a Trico que lance una descarga eléctrica  con su cola para abrir caminos o incluso atacar a sus enemigos. Con este ataque, los atacantes acaban hechos pedazos o más levemente sangrando. En algunos momentos también Trico es la víctima y la bestia es el blanco de flechas, lanzas y demás, por lo que, como resultado, se le ve sangrando por sus heridas”

Yo puedo entender que como padres o educadores estas afirmaciones escandalicen y automaticen el “No” a comprar el juego, por eso, en mi opinión sería mucho más fiable ver gameplays reales en cualquier plataforma de vídeos como por ejemplo Youtube donde podremos comprobar exactamente cómo es exactamente el juego y si las imágenes que vemos corresponden con lo que hemos leído sobre él.

 

Mi opinión: No y no, en absoluto pienso que UN JUEGO QUE DISPONE DE UN BOTÓN PARA ACARICIAR A TU COMPAÑERO, sea violento.

Es más, aunque unas líneas más arriba os he aconsejado visualizar uno de los gameplays que se pueden encontrar en la red, sería muy interesante que intentarais jugar unos minutos para entender realmente un poquito de las emociones que transmite el juego cuando estás dentro de él: la música, los paisajes, la historia, los personajes…¡Qué voy a decir! Para la que escribe es una obra maestra y no puedo terminar este post sin recomendar este videojuego y dar gracias a todos los videojuegos que me han enseñado tanto desde mis ocho añitos.

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Bla bla bla pero en Japonés mejor

Prometí que iba a quitar el polvo al blog este curso y menos mal que no aposté nada. Lo importante: aquí estoy de vuelta y lejos de llenar esta entrada con excusas por no haber escrito o promesas sobre el futuro de este blog, voy a informaros de algo que me hace especial ilusión.

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Como alguno de vosotros sabéis, el pasado agosto cumplí una de las ilusiones de mi vida: irme a Japón un mes. Tenía toda la teoría sobre su cultura, tradiciones, qué se come, cómo se comporta uno cuando viaja a ese país…todo, pero faltaba la parte práctica. Soy de las que piensa que no se conoce realmente la cultura de un país si no viajas a él como mínimo un mes. Y allá que me fui. Tal y como esperaba, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida y recomiendo viajar a este lugar con cualquier excusa, aunque solo sea porque os gusta el sushi, y conocer este país que ya me tenía enamorada incluso antes de haberlo visitado. A raíz de este viaje y sabiendo que conseguir trabajo y vivir en ese país es prácticamente imposible (que no os engañen los programas del tipo Callejeros Viajeros, pues prácticamente, la única forma de poder trabajar y/o vivir en Japón, es casarse con un/a japonés/a) sí que me he propuesto, aunque sea, realizar una estancia breve en ese país en unos años.

En mi viaje pude comprobar que, a diferencia de lo que mucha gente piensa, los japoneses no son tan diferentes de nosotros, es decir, que son personas de carne y hueso (no alienígenas) eso sí, extremadamente amables y educados. Así que el único obstáculo que se presenta de cara a permanecer algún tiempo en este país, es EL IDIOMA. He de decir que el idioma no fue un impedimento en absoluto durante el viaje debido a lo que ya os he comentado antes, la enorme amabilidad de los japoneses que hace que te ayuden en lo que necesites aunque no entiendan tu idioma. Lo cierto es que excepto en Tokio (y tampoco mucho) el Inglés no es un idioma que se domine mucho en este país por lo que, si se decide pasar más de un mes en este país, es recomendable empezar a estudiar Japonés.

La Universidad Católica de Valencia ha lanzado un curso A1 de Japonés que comienza el jueves 26 de enero a las 17:00h. y en el que podéis inscribiros haciendo clic aquí, donde podéis encontrar también información acerca del curso.

Muchas personas pensarán que este idioma no tiene ninguna utilidad si no tienes pensado vivir y/o trabajar en este país, pero lo cierto es que en mi caso (y creo que debiera ser así) el estudiar idiomas es algo que hago por placer y por ampliar mis conocimientos, más allá del valor académico que pueda tener en mi curriculum, por lo que os animo a que estudiéis idiomas y disfrutéis tanto como lo hago yo.

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Volvemos

A lo tonto a lo tonto, desde Mayo que no pasaba por aquí, y como es normal, esto se ha llenado de polvo. ¡Polvo que empiezo a quitar ahora mismo!

Exámenes y vacaciones, esas son las dos razones por las que he dejado este pequeño refugio un tanto abandonado. Para mí, Septiembre, es como el 1 de Enero, un nuevo comienzo con las ilusiones del curso pasado creciendo y alimentándose del “ya queda menos”. Y lo disfruto sin prisas, porque un curso más también es un curso menos y no hay néctar más dulce que el carpe diem con las cosas que más te apasionan.

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Exacto Septiembre, no te tengo miedo. Durante Agosto he viajado a lugares maravillosos donde he podido contemplar paisajes y escuchar la melodía de la naturaleza. Esta experiencia me ha hecho reflexionar mucho acerca de mi vida y de mi futuro. He aprendido conceptos como el “ikigai” o la “slow life” que estoy deseando poder explicaros y quién sabe si poder aplicarlos en la Educación.

Lo cierto es, que a pesar de ser todavía estudiante de Magisterio (y aquí creo que muchos de mis compañeros de clase se sentirán identificados) el tener una edad un poco más lejos que la de una chica que acaba de terminar el instituto, hace que esté disfrutando mucho más el camino que me lleva al final de esta carrera pero sintiéndome ya más cerca de una maestra que de una alumna de magisterio. A pesar de ese sentimiento, no quiero dejar de ser alumna nunca. Quiero pertenecer al País de Nunca Jamás, donde las ansias por aprender y la ilusión, son las mismas de siempre. Sin pensar en los impedimentos, los exámenes de enero, los exámenes de julio y las temidas recuperaciones.

Uno de mis propósitos para este curso es mantener este lugar vivo e impulsarlo para que sea un lugar útil al que acudir. ¡Tengo tantas cosas que contaros! Pero ahora, dejadme 2 días más, para ponerme las botas de escalar que me permitan coronar la cima de la cuesta de septiembre. ¿Os venís?

 

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